Marketing olfativo, ¿A qué huele tu marca?

Muchas marcas están utilizando los olores como una estrategia de marketing efectiva porque tienen el poder de transportarnos en tiempo y en espacio. El marketing olfativo es una rama del neuromarketing y marketing sensorial que utiliza olores específicos para influir en el comportamiento del consumidor, así como en su estado de ánimo. Una técnica perfecta para construir una lealtad emocional entre la marca y sus clientes.

¿Qué tiene el olfato que no tienen los otros sentidos?

​El sentido del olfato es muy poderoso. ​Es una de las herramientas más eficaces para el brand-awareness, la consciencia de una marca y su reconocimiento.

De acuerdo con algunos estudios, los humanos pueden recordar los olores con un 65% de efectividad después de un año mientras que la vista cuenta con una efectividad de recordar algo de un 50% después de solo tres meses. Preguntaos: ¿si pudieseis escoger un sentido, cuál sería? Probablemente la mayoría escogería vista u oído, nos imaginaríamos una vida de infierno si careciéramos de uno de ellos. A nadie se le pasaría por la cabeza escoger el olfato. Sin embargo, aunque sea difícil de creer, es el sentido que más nos transmite. Los olores producen una respuesta más emocional que racional.

 

En 2005, Kevin Roberts, el CEO de la importante agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, publicó el libro Lovemarks, donde explicaba lo complicado que era anular los sentidos, especialmente el olfato, la verdad es que ¡no podemos dejar de respirar!, por esta razón, el Marketing Olfativo nos afecta en muchos sentidos, no podemos evitarlo. La percepción del sentido del olfato es lento, pero puede estimular un 75% de nuestras emociones. Podemos recordar sitios, momentos o personas importantes de nuestro pasado solo con determinados olores porque están relacionados directamente con nuestra memoria. El olor de unas muffins de chocolate te puede recordar a las meriendas de verano que te preparaba tu abuela después de un día agotador en la playa. Es sorprendente, pero solamente recordamos el 1% de los que tocamos, 2% de lo que oímos, 5% de lo que vemos, 15% de lo que probamos y un 35% de lo que olemos.

Hay una razón científica detrás de todo lo que hemos expuesto anteriormente: nuestro sentido del olfato está asociado a nuestro sistema límbico, formado por estructuras cerebrales que controlan nuestras respuestas psicológicas ante estímulos emocionales. El sistema límbico es el tirano de nuestra memoria, atención, emociones, motivación, personalidad y comportamiento. Hace con nosotros lo que quiere. Por lo que el marketing olfativo puede afectar también a nuestro estado de ánimo, nadie va a sentirse cómodo, ni va a evitar ponerse de mal humor en un sitio donde el olor no es atractivo; pero, se le van a abrir los ojos como platos y a hacerse la boca agua al pasar cerca de una pastelería.

Si hay un olor agradable en una tienda, el consumidor evaluará positivamente el producto y probablemente esté más tiempo en ella. Por ello, los datos dicen que el marketing olfativo ha hecho que algunas empresas aumenten sus ventas en un 35%.

Disney fue uno de los pioneros en darse cuenta del poder de este sentido y utilizaba estrategias para poner olor a palomitas por los parques que hacía que la gente quisiera comprarlas. ¿No os pasa algo parecido justo antes de entrar al cine para ver esa peli de estreno?

El marketing olfativo es utilizado por las marcas para crear experiencias e influir en el comportamiento del consumidor, además de reforzar su notoriedad en el mercado. Este tipo de marketing es capaz de crear una identidad de marca completa. ¿Has adivinado ya a qué huele tu marca?

 

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